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Youth Panic and the Politics of Schooling: The corporate model of teaching needs to be changed
by Henry A. Giroux, Znet

 

El modelo corporativo de enseñanza debe ser cambiado

 

En el clima post Littleton, el pánico moral y el miedo remplazan la comprensión crítica y permiten a los medios dominantes proclamar (como se vio en un artículo reciente de Newsweek ), que la juventud blanca de los suburbios tiene una parte oscura y que la cultura juvenil representa “en gran tamaño al Señor de las Moscas (Lord of the flies)”. Filmes como Juego de Campeones (Varsity Blues),The Things I Hate About You, y Juegos Sexuales (Cruel intentions) celebran tanto la falta de inteligencia, la testosterona dirigiendo los actos, y a los atletas varones infantilizados que están en el top de escuelas de orden represivo o chicas jóvenes en el high school que son igualmente vacías, pero además despiadadas, arrogantes, y manipuladoras sexuales. Películas como Election, Caramelo Asesino (Jawbreaker), y Belleza Americana (American Beauty) resonaron poderosamente en la mayoría del público que vio un número creciente de chicos blancos suburbanos inútiles, neuróticos egotistas, o con desviaciones sexuales. Estas películas refuerzan la presunción de que tales chicos, vistos cada vez más como una amenaza para la sociedad, necesitan tratamiento médico, controles estrictos, o supervisión disciplinaria. Esto es señal de una cambio de percepción acerca de la gente joven de parte del público. La juventud ya no está en riesgo; es considerada el riesgo. Esta percepción sirve para erradicar cualquier noción de agencia productiva entre la gente joven, ofreciendo pocas posibilidades para analizar cómo los chicos experimentan actualmente y se relacionan entre ellos mismos, otros chicos, y la sociedad adulta. Pero tales representaciones no sólo son violentas para la complejidad de la vida de los chicos, eliminan también cualquier comprensión del cómo las relaciones de poder entre la gente joven y los adultos trabajan actualmente contra muchos chicos.

La serie reciente de tiroteos en escuelas en Jonesboro, Arkansas, Edinboro, Pennsylvania, Springfield, Oregon, and Littleton, Colorado sumadas a un número de otras ciudades ha inflamado el miedo causado por los chicos de la sociedad y echó combustible a las demandas de bajar la edad para que los niños puedan ser tratados como adultos por crímenes violentos. Las cuestiones referidas a la seguridad en las escuelas se convierten ahora en más importantes que los asuntos de calidad académica, aunque las escuelas sean para todos los lugares disponibles más seguros para los niños. Desafortunadamente, cualquier sentido de perspectiva aparece perdido, cuando los sistemas escolares a través del país claman por detectores de metales, guardias armados, visores para las mochilas, maestros armados, y en algunos casos que se coloquen los Diez Mandamientos en todas las clases de las escuelas públicas.

Los Educadores parecen tener poco para decir acerca de los actuales ataques sobre la juventud en parte porque en el interior del discurso dominante en la juventud y la reforma educativa el lenguaje de la ética, la política, la cultura, y la democracia tienen poca actualidad o valor de cambio. Esto no es sorprendente desde que el liderzazo es ahora modelado según los héroes de la cultura corporativa que están diseñados por los rangos ejecutivos de multinacionales como Disney, McDonalds, IBM, y Proctor and Gamble. Empleando un estilo directivo que describe los sistemas escolares como “compañías major”, el nuevo liderazgo corporativo en las escuelas describe a los estudiantes como “consumidores” y el aprendizaje como resultado que puede ser medido.

Un ejemplo reciente del nuevo líder escolar corporativo destacó en un reciente artículo en The New York Times. Bajo el subtítulo, “Aplicando el Toque Corporativo a un Complicado Sistema Escolar”, se focalizó en Andre J. Hornsby, el nuevo superintendente del distrito escolar de Yonkers, el cuarto más grande de la Ciudad de Nueva York. Vendido como el nuevo tipo de modelo, ahora de moda entre los sistemas urbanos de escolarización, el Times lo describe como “arrogante, autocrático, y egomaníaco…inflexible con que los chicos menores pobres pueden superar los obstáculos socioeconómicos, conducidos para tener scores en test estandarizados usando curriculums corta-listillos, y asumiendo una aproximación militarista para tomar cargos.” El artículo señala además que una de sus primeras iniciativas fue imponer trabajo adicional a sus maestros, que provocaron una huelga, y por su iniciativa se indujo a una exitosa batalla en las cortes identificada por su extrema necesidad.” Parece que a pesar de su preocupación por los estudiantes pobres, prefirió distribuir el dinero extra entre todos los distritos escolares, “una táctica que favoreció a las escuelas predominantemente blancas que lo contrataron.”

Hornsby es el típico modelo de liderazgo corporativo que no tiene nada para decir acerca de la inequidad, ejerce el poder autocráticamente, reduce el currículo al lenguaje de estándares y evaluaciones, y está convencido de que los maestros tienen poco que ver sobre las condiciones de enseñanza y aprendizaje. Los héroes de la cultura corporativa profesan una adherencia estricta a lo dicho, pero tienen poco que ver sobre la necesidad de crear espacios públicos que den a los chicos de formas de educación cívica que abriguen oportunidades críticas para el dialogo, el compromiso, y la deliberación.

Los héroes de la cultura corporativa predican una estricta adherencia a la idea de “bottom line” (línea final), pero tienen poco para decir acerca de la necesidad de crear espacios públicos que provean a los chicos de formas de educación que abriguen oportunidades críticas para el dialogo, el compromiso, y la deliberación. Tampoco ofrecen oportunidades educativas par que la gente se apropie críticamente de formas de alfabetización que les brinden condiciones para defender las instituciones sociales vitales para el bien público. De la misma manera, muchos defensores de la cultura corporativa a menudo tienen poco para decir acerca de los efectos acerca de los recortes, la desindustrialización y el impacto devastador que tienen tales políticas en las familias trabajadoras, los servicios públicos, las escuelas y la vida pública. Tampoco sobre su propio rol al promover el vuelo de capitales más allá de las fronteras, la brecha cada vez más amplia entre ricos y pobres, y la clase creciente de empleados atascados en trabajos descalificados. En el interior del modelo corporativo de liderazgo, los únicos espacios sociales disponibles para los niños son ampliamente los dirigidos comercialmente y así el resultado del sitio comercial de ideas en el interior de las escuelas y otras esferas públicas es cada vez más una función de lo que puede vendérseles como consumidores, en lugar de lo que necesitan saber los jóvenes como ciudadanos críticos.

Una visión reguladora opresiva de liderazgo educativo domina en la actualidad el debate público sobre la juventud y la escolarización y no tiene virtualmente nada productivo para decir acerca de lo que puede significar agenciarse de las condiciones que sostiene bajo sí que conforman las condiciones de vida de los jóvenes en este país. Con pocas excepciones, la discusión pública acerca de Littleton, como apuntó Ellen Willis, ignoró virtualmente cómo la gente joven “se sintió, no sólo respecto acerca de sus vidas sino acerca del mundo adulto”. Más aún, los modelos de liderazgo corporativo que han sido transplantados a todos los modelos de escolarización socavan la habilidad de los maestros de aula para jugar un rol decisivo para tomar nota de las necesidades de la gente joven. Estos modelos tienen poco respeto para las voces de los jóvenes, y limitan además el control de los maestros sobre el desarrollo y la planificación del currículo, reforzando la organización burocrática de la escuela, y quitando ampliamente a los maestros del proceso de juzgar e implementar al instrucción en el aula. La ideología que guía estos modelos corporativos y su propia visión de pedagogía es que el comportamiento de los maestros necesita ser controlada, consistente y predecible a través de las diferentes escuelas y poblaciones estudiantiles. En estas aproximaciones, se presupone que todos lo estudiantes pueden aprender de los mismos materiales estandarizados, técnicas de instrucción y modos de evaluación.

En el modelo corporativo de liderazgo, la enseñanza es quitada totalmente de los contextos culturales y sociales que conforman tradiciones, historias, y experiencias particulares en una comunidad y escuela. Entonces, no puede haber reconocimiento en este modelo de reforma educacional que los estudiantes venidos de diferentes escenarios, traigan diversas experiencias culturales, y relaten al mundo de diferentes maneras. No hay en esta aproximación sentido de lo que significa para los maestros hacer significativo el conocimiento para hacerlo crítico y transformador. También es ignorada la comprensión fundamental de que la pedagogía es el resultadote luchas específicas, proyectos, y circunstancias históricas antes que simplemente un set de prescripciones que pueden ser impuestas sobre cualquier contexto o clase.

Desafortunadamente, muchos educadores, padres, y gente de la comunidad aparece obsesionada con la gente joven, pero no con la idea de escuchar sus necesidades o tomar en cuenta los problemas que enfrenta. Cómo la sociedad trata a su juventud permite vislumbrar cómo balancea las tensiones entre las necesidades corporativas y los valores democráticos por un lado, y por otro, la realidad de desesperación y sufrimiento que muchos niños enfrentan diariamente.

Si las escuelas están para cumplir con sus obligaciones para educar a los estudiantes para asumir las demandas de la ciudadanía social y el liderazgo democrático mientras viven en una economía global, los educadores necesitan redefinir el significado y propósito de la escolarización en forma que tanto fortalezcan la práctica de la educación crítica y energizen y profundicen las posibilidades de una democracia radical. Esto es, los educadores progresistas necesitan definir a la educación superior y pública como el recurso vital para conformar una sociedad donde la democracia se extienda a todas las esferas vitales de la vida cotidiana. Como tema aquí, esta la necesidad de educar a los estudiantes con el conocimiento y habilidades que necesitaran para comprometerse en el mundo público, para convertirse en actores críticos en un más marco amplio. Esto sugiere prácticas educativas que conecten el pensamiento crítico con la acción colectiva, el conocimiento y el poder por una profunda impaciencia con el status quo, y la agencia humana con la responsabilidad social. En el corazón de tal tarea está la necesidad para los académicos y trabajadores culturales de unirse y oponerse a la transformación de las escuelas públicas y de la educación superior en esferas comerciales insensibles.

Dado el actual asalto sobre las formas de educación pública y progresista, es políticamente crucial que los educadores en todos los niveles de escolarización sean defendidos como transformadores intelectuales que proveen un servicio indispensable para la nación. Tal llamado no puede ser hecho meramente en el nombre del profesionalismo, sino en términos de las oportunidades que tales intelectuales crean para que la gente joven aprenda cómo gobernar antes que ser gobernada, se localicen ellos mismos como agentes críticos, y se les den oportunidades para expandir las posibilidades de la vida pública democrática. Los intelectuales que habitan las escuelas de nuestra nación y universidades producen y median las condiciones bajo las cuales las futuras generaciones aprenden hacer de ellas mismas sus relaciones con los otros y el mundo, y al hacerlo construyen las prácticas pedagógicas que son por su propia naturaleza moral y políticas antes que simplemente técnicas. En el mejor de los casos, tales prácticas pedagógicas, son testigos de los dilemas éticos y políticos que animan un horizonte social más amplio.

Esto sugiere que los educadores progresistas deben oponerse fuertemente a aquellas aproximaciones de la educación de maestros y prácticas que consideren a los maestros como meros técnicos, y refuercen una división del trabajo técnica, casta, y genérica. Es crucial que los educadores se organicen colectivamente y se opongan a los actuales esfuerzos que cruzan el país por quitarles habilidades a los maestros a través de la proliferación de esquemas por objetivos de management, esquemas evaluativos, y formas burocráticas de responsabilidad. Del mismo modo, hacer la política más pedagógica sugiere que los educadores y otras otros se organicen contra la toma de las escuelas por parte de las corporaciones, especialmente en el interior de la educación superior, luchen para proteger sus trabajas de tiempo completo en la facultad, cambien los trabajos de adjunto por posiciones full time, expandan los beneficios a los trabajadores part time, y pongan más poder en manos de los estudiantes y las facultades. Más aún, tal lucha debe tomar nota de las condiciones explotadoras bajo las cuales trabajan muchos graduados que son mal pagos, trabajan más del a cuenta, y carecen de cualquier poder real o beneficios. Los maestros progresistas deben también reconocer que tanto lo que enseñan como de la forma en que lo hacen debe convertirse sujeto de análisis de análisis crítico. Ni el conocimiento que los maestros enseñan ni las formas en que lo hacen son inocentes; ambas están informadas de valores que necesitan ser reconocidas y tomadas críticamente por sus implicaciones y efectos. Sugiero aquí que los educadores progresistas proveen las condiciones para que los estudiantes reconozcan que la relación entre conocimiento y poder puede ser emancipatoria, que sus historias y experiencias importan, y que lo que dicen y hacen cuentan como parte de una lucha más amplia por cambiar el mundo que los rodea. Más específicamente, los maestros necesitan luchar por formas pedagógicas que hagan desaparecer la separación entre la escuela y el mundo real. El currículo necesita organizarse alrededor del conocimiento que se relacione con las comunidades, culturas, y tradiciones que den a los estudiantes un sentido de historia, identidad, y lugar. Los educadores deben estar atentos a los recursos culturales que los estudiantes traen a la escuela. En parte, esto sugiere que los educadores deben convertirse en cruza fronteras deseando examinar los múltiples sitios y formas culturales que la gente joven produce para crear sus propios significados para ser escuchados. Ann Power, escritora del New York Times, ha señalado que como la gente joven ha sido despedida de la sociedad más amplia, han creado sus propios sitios web, programas de radio alternativos, “publicado sus propios manifiestos en revistas fotocopiadas, hecho su propia música y la ha compartido en casete, diseñado su propia ropa y acordado con las boutiques para que sea vendida”. Más aún, Powers ha dicho que muchas mujeres jóvenes no se han sentado pasivamente al verse deformados en el horizonte cultural Americano como haraganas, carentes de recursos, peligrosas y patológicas. En respuesta, han producido una “cultura femenina de amplia gama”, que incluye jóvenes atletas peladas, músicas, escritoras y hacedoras de películas que vigorizan el discurso de la liberación de las mujeres. Además, grupos activistas como YELL, y ACT up youth division…han desarrollado nuevas aproximaciones sobre la educación sexual segura.”

Jon Katz señala convincentemente que los “niños están en el epicentro de la revolución informativa, punto de partida del mundo digital. Han ayudado a construirlo, lo entienden tanto o mejor que nadie y ocupan una nueva clase de espacio cultural”. Esto es particularmente importante a la luz de los ataques sobre los medios y el llamado para censurar la Internet que aparecieron después de la masacre de Littleton. Estos sitios producen pedagogías públicas y deben considerarse seriamente tecnologías que producen conocimiento y esferas que demandan nuevos tipos de aprendizaje. Muchos educadores y adultos necesitan redefinir su propia comprensión de las nuevas tecnologías, las nuevas formas globales que las sostienen, y las nuevas formas de alfabetización que han producido. Los nuevos medios, incluyendo la cultura de Internet y la computadora, necesitan convertirse en objeto serio de análisis educativo. Las afiliaciones sociales, grupos, y experiencias culturales que estos medios provocan entre la gente joven debe ser incorporada en el currículo escolar tan seriamente como el estudio de la historia, Inglés, y arte. Los estudiantes necesitan tener oportunidades, como apunta el educador del MIT, Henry Jenkins, para formar comunidades que los apoyen alrededor sus intereses y en el uso de los medios digitales, tanto como las escuelas necesitan tomar la producción y alfabetización en medios como centrales para el proceso de aprendizaje para la gente joven. Tal aproximación sugiere que las prácticas pedagógicas que hacen más que crear un contexto de aprendizaje específico, señalan además la necesidad de expandir el rango de textos culturales que conforman lo que considera como conocimiento. Los educadores necesitan entender el mundo de los textos mediáticos –videos, películas, música, y otros mecanismos de la cultura popular constituidos fuera de la tecnología impresa. El contenido del currículo necesita afirmar y enriquecer críticamente el significado, el lenguaje, y el conocimiento que los estudiantes usan actualmente para negociar y darle forma a sus vidas. El aprendizaje informal para muchos jóvenes se une directamente a su utilización de CD-ROM’S, videos, películas, televisión, y computadoras. Los estudiantes necesitan aprender cómo leer estos nuevos textos críticamente, pero deben aprender también como crear sus propios textos culturales aprendiendo las necesidades técnicas necesarias para producir guiones televisivos, usar video cámaras, escribir programas para CD-ROMS, y producir documentales televisivos. Hay un creciente número de programas escolares alternativos que han desarrollado programas exitosos para aprender acerca de los medios. Estos programas combinan la alfabetización básica combinada con la lectura y escritura con clases combinadas con aprendizaje lo básico de la programación de video, computación, y televisión. Estas aproximaciones pedagógicas permiten a los niños contar sus propias historias, aprender cómo escribir guiones, y cómo involucrarse en los programas de acción comunitaria. Desafían también la presunción de que los textos culturales populares no pueden ser profundamente importantes como las fuentes tradicionales de aprendizaje en la enseñanza sobre temas enmarcados a través, de por ejemplo, los lentes sociales de la pobreza, los conflictos raciales, y la discriminación de género. Esto no se trata de oponer la cultura popular contra las fuentes tradicionales del currículo sino de cómo utilizar ambas de formas mutuamente informativas. Pero además las nuevas tecnologías deben también ser estudiadas como parte de un análisis más amplio del capitalismo global.

La juventud significa en toda su diversidad las posibilidades y miedos que los adultos deben enfrentar cuando re-imaginan el futuro mientras configuran el presente. El grado de largos segmentos de juventud excluidos del lenguaje, derechos, y obligaciones de la democracia indican el grado en que muchos adultos han abandonado el lenguaje, prácticas, y responsabilidades de la ciudadanía crítica y la responsabilidad cívica. Esta es una lección que no puede ser ignorada a la luz de la tragedia de Littleton, y las muchas tragedias no reportadas que toman lugar en las escuelas pobres urbanas a diario. No puede caber duda de que la sociedad Americana les falla a sus niños. La crisis de la juventud representa la crisis de la democracia. Lo educadores necesitan prestar atención en esta crisis y trabajar con otros para tomar los temas complejos que definen y los recursos y estrategias necesarias para tratarlos. Necesitamos aproximarnos a la reforma educativa como una cuestión de liderazgo político y moral y no simplemente como una cuestión de management. Como educadores progresistas, necesitamos honrar las vidas de los niños preguntándonos cuestiones importantes tales como qué objetivos deben alcanzar las escuelas y por qué fallan, y cómo puede ser tal falla ser entendida en el interior de una más amplio ser de relaciones culturales, políticas, económicas y espirituales. Los progresistas necesitan recordar a nosotros mismos en este tiempo de individualismo rampante en consumismo no debe ser la única forma de ciudadanía ofrecida a nuestros niños, y que las escuelas deben funcionar para servir al bien público y no como meras fuentes de ventaja privada removidas de la dinámica de poder y equidad.

 

 

 

Translated by: Pablo Aiello