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"Por qué no se incluye a los niños en los debates sobre la inminente guerra de Estados Unidos contra Irak?"

 

" Why Aren't Children Included in the Debates About the Impending U.S. War with Iraq?"

www.DissidentVoice.org
March 10, 2003

Entre los anuncios publicitarios ante la inminente Guerra con Irak provistos por la mayoría de los medios en los Estados Unidos, casi nada se dice acerca de cómo la guerra afecta a los niños, o cómo la celebración sin fin de las soluciones militares para los problemas del mundo resultan en secuestros (abducciones), mutilaciones, y asesinatos de millones de jóvenes. Siendo más del 40% de la población del mundo, la juventud es uno de los más importantes asuntos conectados con la guerra, la represión, y el imperialismo. Más aún, son la población que va a luchar y morir en la guerra.

La metáfora de la guerra parece haber tomado, en el nuevo milenio, un giro totalmente diferente. Tradicionalmente, la guerra ha sido referida al conflicto entre estados soberanos, emprendido por combatientes militares contra blancos militares. Las guerras son ahora emprendidas contra las drogas, el terrorismo, el crimen, los inmigrantes, los derechos laborales, y para otros temas que se han convertido en sinónimos del desorden público. La guerra no requiere más de la ratificación del congreso, dado que es orientada desde varios niveles de gobierno que en diversas formas escapan de la necesidad de legitimación oficial. Se ha convertido ahora en una respuesta de las instituciones públicas para mejorar las condiciones de inseguridad radical y un futuro incierto. Ha venido a ser una condición adoptada permanentemente por el estado de seguridad nacional que es ampliamente definido por su función represiva en su rostro de impotencia a regular el poder corporativo proporcionando inversiones sociales para el pueblo, y garantizando medida para la libertad social. En contraste con el actual desorden que marca la aniquilación del contrato social – la privatización de bienes públicos, desregulación, recortes, la guerra contra el trabajo, y la escalada del ataque total con el estado benefactor – la modernidad dio una vez a los niños y otros grupos marginales alguna protección, una práctica que ha sido invalidada. Agotados los fondos para los servicios públicos y desnudos del poder político para mediar entre individuos y el enorme poder acumulado por las corporaciones multinacionales, los estados han renunciado a sus cualidades democráticas para recurrir a sus elementos más autoritarios. De ahí, la policía, el FBI, la CIA, el sistema de justicia criminal y el sistema de seguridad privada han tomado nueva prominencia.        

Las guerras son casi siempre legitimadas en función de hacer un mundo seguro para “el futuro de nuestros niños”, pero la retórica contradice el hecho de cómo su futuro es a menudo negado por los actos de agresión puestos por una gama de aparatos ideológicos del estado que operan cuando se está en pie de guerra. Esto incluiría los horribles efectos de la militarización de las escuelas, el uso del sistema de justicia criminal para redefinir temas sociales como la pobreza y a los “sin techo” como violaciones al orden social y la subsiguiente extensión del complejo de prisiones como industria en un modo de contener a las poblaciones desposeídas tales como la juventud de color pobre y marginalizada. Bajo la rúbrica de la Guerra, la seguridad, y el antiterrorismo, los niños son “desaparecidos” de las más básicas esferas sociales que proveen condiciones de un sentido de agente y posibilidad, como a la vez, son extirpados retóricamente de cualquier discurso acerca del futuro. A pesar de ser concerniente a la herencia de las futuras generaciones, la cuestión de cómo los temas de la globalización de las corporaciones, la guerra, la represión y el terror afectan a los niños ha estado totalmente ausente de los debates.

El silencio acerca de los efectos de la guerra en los niños deja afuera una importante cantidad de consideraciones, en especial respecto a Irak. Por ejemplo, la calidad de la moral de la política internacional de los EE. UU. es raramente invocada en referencia al enorme sufrimiento y muerte impuesta a los niños irakíes como resultado de los bombardeos de 1991 y las sanciones posteriores a la guerra. Durante la guerra del 91’, Irak perdió una parte substancial de su tejido eléctrico, que alimentaba el asimismo las plantas de agua y residuos. De las 20 plantas de generación eléctrica, más de 17 fueron dañadas, de las cuales 11 fueron totalmente destruidas. Una de las consecuencias fueron las fallas en los servicios de agua, residuos y salud, que provocaron la expansión de varias enfermedades por el agua contaminada como por ejemplo la disentería.

Anupama Roa Singh, uno de los directores de UNICEF en el país, denunció que más de medio millón de niños menores de cinco años han muerto desde la imposición de las sanciones de la ONU hace más de una década. LA BBC reportó que en 1998, que 4000 o 5000 chicos mueren por mes de enfermedades tratables que se están expandiendo a causa de las malas dietas, y la terrible destrucción de la infraestructura pública. Contra esta horrible realidad, se hace más difícil montar un argumento humanitario para la intervención de los EE.UU. en Irak, no sólo porque queda claro que las muertes y el sufrimiento de los niños irakíes se intensificará como resultado de la guerra, sino porque además corta cualquier discurso moral para defenderla.

Bush habla del imperativo moral y democrático para promover un cambio de régimen, eliminar el eje del mal, y llevar la libertad a Irak (y a cualquier otro país que se oponga a los EE.UU.) , sin dejar de mencionar el énfasis en los valores familiares, estas cuestiones iluminan la hipocresía y crueldad del rol que los EE.UU. han jugado en la muerte de más de medio millón de niños en Irak. ¿Y no será la misma población –que la administración Bush quiere liberar- quienes pagaran el precio de otra guerra? Un estudio reciente, “El impacto de una Nueva Guerra en los Niños de Irak,” alerta que 13 millones de menores de 18 años están “en grave riesgo de desnutrición, enfermedad, muerte y trauma psicológico”, y que se encuentran peor ahora que antes del inicio de la guerra en 1991. De acuerdo con Eric Hoskins, el líder del informe, una guerra prolongada en la que las provisiones de comida y medicina se corten puede resultar en la muerte de “tanto como centenares de miles de niños”. Recientemente, funcionarios de gobierno están dispuestos a defender es asesinato de niños como políticamente conveniente. Madeleine Albright, por ejemplo, Secretaría de Estado bajo el mandato de Bill Clinton, en su aparición el programa de noticias, “60 Minutes”, el 12 de Mayo de 1996, y le hicimos la siguiente pregunta por medio de la anfitriona del show, Leslie Stahl: “Hemos oído que más de medio millón de niños han muerto (a causa de las sanciones contra Irak). Quiero decir que son más que los niños muertos en Hiroshima. Y- ¿usted sabe si vale ese precio?” Albrigth respondió: “ Creo que es una decisión muy dura, pero creemos que el precio vale la pena” ¿Cómo podrían sentirse los padres de los niños irakíes acerca de este tipo de cruel conveniencia política? ¿Significa el cambio de régimen que los civiles, especialmente los niños de Irak, deben ser marcados como blanco de la estrategia política y militar? ¿Cómo esta guerra sobre niños inocentes, basados en una justificación acerca de su conveniencia que pocos países alrededor del planeta creen, se armoniza con el énfasis en los valores familiares que están al corazón del alegado compasivo conservadurismo de esta administración ? Las increíbles dificultades y sufrimientos que los niños de Irak enfrentaron y enfrentarán en mayor grado durante la guerra merecen tomar lugar en la mirada pública.

La prisa por ir a la guerra de la administración Bush, encuentra sus causas en una fantasía totalitaria, el petróleo, alegadas armas de destrucción masiva y la restricción de las libertades de los ciudadanos en el interés de combatir el terrorismo. Es también acerca de la matanza potencial de niños inocentes. El asesinar niños es un precio terrible a seguir una política exterior que cree que la guerra es la única forma de desarmar a Saddam Hussein, rehusando seguir formas no violentas de contener al dictador irakí, y desestima la opinión de la comunidad internacional de irrelevante o irresponsable. Como la más poderosa nación del mundo, los Estados Unidos debe ser la que más desconfíe en substituir la sabiduría y la responsabilidad ética por la arrogancia del poder, una lección que parece totalmente perdida por el Secretario de Defensa Donald Rumsfeld, el Vicepresidente Dick Cheney y el Ministro de Justicia Jonh Ashcroft – los que alientan el poder corporativo que ahora domina la Administración Bush. Una Guerra con Irak pone en riesgo de interrumpir el suministro de petróleo del mundo, llevando al mundo a una recesión. Similarmente, ubicar a Hussein entre la espada y la pared, quizás incite a la utilización de armas biológicas y químicas contra los soldados de EE.UU. e incluso su propio pueblo. También promete desestabilizar el Golfo Pérsico, uniendo a los extremistas alrededor de todo el mundo, mientras al mismo tiempo mina las reglas democráticas de procedimientos y principios de la ley internacional. En suma, hay una buena posibilidad de que tal guerra incremente la posibilidad de que ataques terroristas sean lanzados contra los Estados Unidos. Pero lo que es mencionado raramente en los debates públicos o los debates es la terrible violencia que los chicos en Irak y en cualquier otra parte deberán enfrentar y debe cuestionar el hecho de que la guerra es la única opción. La administración Bush debe más que explicar por qué la guerra debe ser ahora, en lugar de dar a la comunidad internacional más tiempo para determinar cómo contener y desarmar a Saddam Hussein.

Hacer visibles el sufrimiento y la opresión de los niños no puede ayudar, pero sin embargo enfrenta el corazón de la ideología del militarismo. Los niños son uno de los pocos referentes para invocar la compasión e invocar la moral. Ofrecen una razón crucial para comprometerse en una discusión crítica acerca de las consecuencias a largo plazo de las actuales políticas. Los niños nos recuerdan la necesidad de movilizarse más allá de intereses patrioteros para entender el sufrimiento de otros y actuar bien en la promesa de nuevos modelos internacionales de asociación humanas basados en valores democráticos. Cualquier debate acerca de la guerra, el cambio de régimen, y la intervención militar es no ético y políticamente irresponsable si no reconoce que los niños son no sólo los símbolos más viables del futuro, sino que además, proveen un referente político y ético para recordarnos a los adultos la responsabilidad de hacer aquel futuro posible, un fututo donde la intervención sea el último recurso y no el primero.

 

Translated by: Pablo Aiello