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"El Negocio de la Educación pública"

Zmag.org

 

"The Business of Public Education."
(online at Zmag.org).

 

El asalto sobre la educación pública de las corporaciones de Estados Unidos ha tomado en la última década un giro ominoso. Financiado por una serie de instituciones conservadoras como Heritage Foundation, Hudson Institute, y la Olin Foundation, la corporación que tiende a socavar la educación pública ha reclutado en su ejercito de conservadores a muchos de los que sirvieron en el Departamento de Educación durante las presidencias de Reagan y Bush. Entre los más conocidos de este movimiento de reforma se incluyen Chester Finn Jr., Lamar Alexander, Diane Ravitch, David Kearns, y William Bennett. Redactando políticas, comentarios editoriales, apareciendo en talk shows de televisión, y dirigiendo centros de financiamiento y recursos educacionales, estos oponentes de la educación pública culpan implacablemente a las escuelas por los infortunios económicos del país. Citando bajas notas en los test, un descenso en las habilidades básicas, y las fallas del curriculum escolar, Ravitch y otros usan esa clase de críticas para legitimar las privatizaciones con sus respectivos llamados a las escuelas vouchers, charter, y colocar a las escuelas públicas enteramente en el control de las contratistas de las corporaciones. Más específicamente las reformas reciclan las ideologías de ala derecha y reclaman por el reemplazo de los sindicatos de maestros y “dar a los padres la libertad de elección, la vuelta a los curriculums conducidos básicos y de performance, equipos de management y responsables (de la calidad)”.

 

Bajo el llamado a la privatización hay un movimiento de reforma que ve a la educación pública como “una industria local que con el tiempo se convertirá en un negocio global.” Como empresa para obtener ganancias, la educación pública representa un mercado de más de 600 billones de dólares, y la importancia de tal mercado pasó desapercibida a conservadores como Chester Finn, Jr. y David Kearns, que tienen conexiones con grupos de escolarización como el Edison Project y la North American Schools Development Corporation. A nivel político, el asalto del ala derecha ha tenido bastante suceso. Más de 28 estados han legislado apoyando programas vouchers y de elección, y han firmado contratos con compañías privadas, tales como el Edison Project y Sabis Internacional Schools. Pero la percepción del público de tales negocios es menos entusiasta, y está bien que así lo sea. Muchas firmas como Educational Alternatives Inc., que se hizo cargo de muchas escuelas de Hartford y Baltimore, recibieron la cancelación de sus contratos por las numerosas quejas. Los reclamos van desde la forma en que tratan con los niños con problemas de aprendizaje y se ven comprometidos con las denuncias por partes de los sindicatos al fallar sus curriculums estandarizados y los paquetes de test en proveer los resultados que inicialmente habían prometido.

Pero hay más en juego en la privatización de la enseñanza pública que los temas de lo público contra lo privado o el bien público contra la ganancia privada. Está también el tema de cómo el logro personal pesa contra la equidad y el bien social, cómo la enseñanza y el aprendizaje son definidos, qué clase de identidades son producidas cuando las historias, experiencias, valores, y deseos de los estudiantes son definidos a través de lo corporativo antes que los ideales democráticos. En el interior del lenguaje de reformas de privatización y mercado, hay un fuerte énfasis en estándares, medidas de resultados, y participaciones de los estudiantes y docentes más responsables. La privatización es una posibilidad atractiva para los legisladores que no quieren gastar en las escuelas y para aquellos Norteamericanos que sienten que no quieren apoyar la educación pública por medio de impuestos elevados. Tales afirmaciones son reduccionistas en naturaleza y falsas en lo substancial. No sólo abstraen cuestiones de equidad e igualdad de las discusiones de estándares, se apropian de la retórica democrática de la elección y la libertad sin tomar en cuenta temas de poder. Las ideas e imágenes que impregnan este modelo corporativo de escolarización apestan con la retórica de la insinceridad y la política de indiferencia social. Desprovisto de un lenguaje de responsabilidad social, los abogados de la privatización rechazan la suposición de que la falla en la escuela puede ser entendida en el interior de la dinámica política, social y económica de pobreza, falta de empleo, sexismo, raza y discriminación, inequidad presupuestaria, o una empobrecida base de impuestos. Más bien, la falla de los estudiantes, especialmente el fracaso de la minoría pobre estudiantil, es a menudo atribuida a falta de inteligencia genética, una cultura de privaciones, o patológica. Libros como The Bell Curve, y películas como 187 y Dangerous Minds refuerzan tales representaciones acerca de la juventud Afro-americana y Latina urbana, tanto como perpetúan una historia de exclusiones raciales.

De manera similar, exclusiones raciales de este tipo están siendo profundizadas por los esquemas de privatización informales donde la escuela imita al mercado libre, bajo el supuesto de que su espíritu regulatorio y libre permitirá a los estudiantes más motivados y brillantes triunfar. Hay un avergonzante elemento de racismo y una retrógrado Darwinismo Social que impregna esta discusión, que renuncia a la responsabilidad de padres, maestros, administradores, trabajadores sociales, gente de negocios, y otros miembros de la sociedad de proveer a la gente joven con los recursos culturales, oportunidades económicas, y servicios sociales necesarios para aprender sin tener que llevar la pesada carga de pobreza, racismo y otras formas de opresión.

En este marco la educación se convierte menos en una inversión social que individual, un vehículo para la movilidad social para aquellos que tienen el privilegio de poder tomar decisiones y materializarlas, y una forma de coacción social para aquellos que carecen de tales fuentes y para quienes la elección y responsabilidad la traicionan un legado de promesas rotas y una ideología de mala fe.

El modelo de privatización de la escuela también entra en mora con el legado de escolarización como bien público minando el poder de los maestros de proveer a los estudiantes con el vocabulario y las habilidades de la ciudadanía responsable.

Tratando de imponer estándares nacionales y formas estandarizadas de evaluación, los defensores de la privatización escolar devalúan la autoridad de los maestros y los deshabilitan dictándoles no sólo lo que deben enseñar sino también cómo deben hacerlo. Tales enfoques pedagógicos los muestran más como empleados despolitizados que como intelectuales comprometidos públicamente. El rol principal del docente convertido en manager es legitimar a través de temas y prácticas pedagógicas una concepción del aprendiz basada en la concepción del mercado como un consumidor de información. Una estrategia diferente del desmantelamiento corporativo para hacerse cargo de la educación pública, no menos peligrosa e importante, es la promoción del ala derecha de elección educacional, vouchers, y charters tanto como una forma de abrir las escuelas públicas a contratistas privados como para usar dinero público para financiar formas de educación privada. Tales aproximaciones ven la educación como un bien privado, y substituyen el rol del estudiante como un ciudadano por la de un consumidor educacional. Pero el peligro real bajo la privatización no es simplemente que los estudiantes que se transfieran al la educación privada provoque la salida de dinero de la escuela pública, profundizará el proceso en actividad en la sociedad orientado a erosionar “los foros públicos en donde las decisiones con consecuencias sociales pueden ser resueltas democráticamente”.

En la lucha por ahorrar dinero en textos y actividades curriculares y extra curriculares, encontramos compromisos societarios con negocios con Campbell Soup, Pepsi, Mc Donalds, y Nike, donde todos ellos desean proveer paquetes gratis educativos que sin vergüenza instruyen a los estudiantes a reconocer nombres comerciales o aprender las actitudes apropiadas para un futuro trabajo de bajas aptitudes, y poca paga antes que aprender cómo definir el significado del trabajo y la lucha sobre los significados subordinados del trabajo en los imperativos de una democracia fuerte. Por ejemplo, la Mc Donald Corporation provee un package curricular para la Pembroke Lakes elementary school, Broward County, en donde, como muestra un artículo de Business Week, los estudiantes “aprenden cómo diseñar un restaurant Mc Donald, cómo trabaja, y cómo responder a una entrevista de trabajo para Mc Donald´s.” Cuando un alumna de diez años fue consultado acerca de si la experiencia había sido valiosa, respondió, “Si quieres trabajar en Mc Donald´s cuando crezcas, ya sabés lo que hacer…Además, Mc Donald´s es mejor que Burger King.”

En el lenguaje de competencia de negocios y éxito individual, el actual movimiento de reforma educativa orquestado por capitales corporativos en su ahora expansión global debe ser asumida como un ataque total tanto a la educación como a la democracia. La meta de tal movimiento, como argumenta David Stratman, “no es levantar las expectativas de la gente joven, sino limitarlas, sofocarlas, y aniquilarlas.” Los educadores en todos los niveles de la escuela pública están sufriendo ataques masivos en el país. No sólo están perdiendo su autonomía y su capacidad de enseñanza creativa, llevan la pesada carga, especialmente en los centros urbanos, de clases sobre pobladas, recursos limitados, y legisladores hostiles. Los progresistas necesitan unirse con la gente de la comunidad, los movimientos sociales, y los maestros, tanto en la educación pública como en la superior acerca de una plataforma común que resista el poder corporativo, el marketing escolar, la inhabilitación de los maestro, y la reducción de aprendizaje que dictan la acumulación individualista y de capital.

El significado y propósito de tal debate no es desconocido para los estudiantes. En Marzo de este año (1998), estudiantes de más de 100 colleges sostuvieron una serie de protestas contra la intrusión y creciente inmersión de las corporaciones en la educación superior. Para aquellos de nosotros que trabajamos en tales instituciones, puede ser el tiempo de tomar una lección de estos estudiantes y dar un ejemplo a través de nuestras propias acciones y la voluntad de organizar y luchar contra el despiadado asalto llevado adelante por las corporaciones de Estados Unidos contra las escuelas y otros sitios que intentan servir al bien público.

Translated by: Pablo Aiello